Jorge Parodi Quiroga

Nacido en Bogotá el 12 de febrero de 1965. Abogado, Especialista en Derecho Penal y Criminalística. Docente Universitario en las áreas del Derecho Procesal, Derecho Penal, Metodología de la Investigación y Argumentación Jurídica; Conferencista en temas de superación personal y liderazgo. Teólogo, Político y Empresario. Casado con Silvana Cohen, padre de 5 hijos y abuelo de 3 nietos. Fundador y Director de la revista Veritas, enfocada en temas de Teología. Gerente de  Ondas de Restauración y de RPV mundo, emisoras virtuales orientada a la difusión de la cultura y la espiritualidad. Desde muy temprana edad incursionó en el mundo de la Literatura. Escritor de prosa y poesía, que ha conjugado con la elaboración de artículos científicos en el área del Derecho y escritos de superación personal y liderazgo.

Dame ese monte

A finales del año dos mil diecinueve, hice la solemne promesa que el siguiente, terminaría y publicaría al menos uno de los libros que tenía iniciados y que escribía a cuentagotas.

El retorno

Pensaba en los meses que estaría lejos de mi familia. Hasta ese momento, jamás nos habíamos separado y tenía por cierto, que extrañaría los consejos de papá, la sonrisa de mamá, los juegos en el patio con mis hermanos y hasta el gato de la familia.

Muñecas

La mañana que Silvana me dijo que estaba embarazada, casi me desmayo. Eran emoción, susto y expectativas entremezclados; no esperaba esa noticia, o al menos no en ese momento, la sorpresa fue grande.

Juan Padilla

Los niños quedaron al cuidado de la vecina de toda la vida, con la promesa que al finalizar la tarde estarían de regreso papá, mamá y el hermanito del cual no les hablaron mucho durante los meses del embarazo.

Jueves

Ella era, no tenía la menor duda, a quien antes de conocer presentía esperando por mí en algún recodo del universo, la que buscaba a tientas en las noches sin luna; la que perseguí en los caminos por donde me extravié…

El tesoro en el patio

Con rostro derrotado, Juan le comentaba a Emma la infructuosidad de la tarea, mientras ella miraba con el alma desgarrada las caritas mugrientas de sus mohínos hijos, y estos, sentados en los montículos de tierra, bebían con agonía desesperante el vaso de agua que su hermanita menor les ofrecía.