Relato

Dame ese monte

A finales del año dos mil diecinueve, hice la solemne promesa que el siguiente, terminaría y publicaría al menos uno de los libros que tenía iniciados y que escribía a cuentagotas.

El retorno

Pensaba en los meses que estaría lejos de mi familia. Hasta ese momento, jamás nos habíamos separado y tenía por cierto, que extrañaría los consejos de papá, la sonrisa de mamá, los juegos en el patio con mis hermanos y hasta el gato de la familia.

Muñecas

La mañana que Silvana me dijo que estaba embarazada, casi me desmayo. Eran emoción, susto y expectativas entremezclados; no esperaba esa noticia, o al menos no en ese momento, la sorpresa fue grande.

Jueves

Ella era, no tenía la menor duda, a quien antes de conocer presentía esperando por mí en algún recodo del universo, la que buscaba a tientas en las noches sin luna; la que perseguí en los caminos por donde me extravié…

Punto de quiebre

El grito de uno de los colegas que caminaba conmigo todos los días, me sacó abruptamente de mi entretenida lectura pos caminata, sobre atracos muertes y desfalcos, que inundaban las páginas del diario El Heraldo.

El tesoro en el patio

Con rostro derrotado, Juan le comentaba a Emma la infructuosidad de la tarea, mientras ella miraba con el alma desgarrada las caritas mugrientas de sus mohínos hijos, y estos, sentados en los montículos de tierra, bebían con agonía desesperante el vaso de agua que su hermanita menor les ofrecía.