El club

Las relaciones, contestó Rodolfo. A donde llegues en la vida, estará ligado a las relaciones que hagas; escalarás o no, dependiendo de con quién te rodees.

Desde esa conversación en la juventud más temprana, Martín quedó convencido para el resto de su vida, y habría de comprobarlo siempre que el consejo de su padre era una verdad absoluta, incuestionable, sin argumento en contrario.

Fue su principio rector de vida, lo incorporó de tal manera a su sistema de creencias que jamás se acercó a nadie a menos que pudiera significar un escalón en la consecución de sus fines. Toda su vida se basó en el cálculo y en el interés. Estaba bien para él, los resultados así se lo permitían pensar, de manera que quien no ofreciera una posibilidad en el avance de sus planes, simplemente no calificaba para él.

A fuerza de buenas relaciones logró abrirse camino en la vida, de otra manera nunca hubiera podido ingresar a una universidad, conseguir un buen empleo y conocer a la que fue su primera esposa; en realidad fue esta quien lo introdujo en los círculos que le permitieron estudiar y codearse con el político que lo empleó; una vez ella no tuvo más que ofrecerle, le pidió el divorcio.

Estaba decidido a avanzar en la vida, llegar lo más lejos que pudiera; era ambicioso, la codicia lo desbordó y los logros que alcanzaba se convertían rápido en insatisfacción. Se convirtió con el paso del tiempo en un ser sórdido, su meta era subir en una escala sin valores y sin considerar nada más que sus propios intereses mezquinos.

La sensación de estancamiento lo martirizaba, sus anhelos de conseguir más no tenía límites; siempre estaba en busca de nuevas relaciones, mejores trampolines para sus planes de grandeza, era todo lo que quería.

Tenía aires de grandeza, para él no era suficiente una profesión, un auto y una casa, eso era corriente, necesitaba codearse con la crema y nata de la alta sociedad, se devanaba los sesos pensando cómo poder escalar, en dónde encontraría la gente precisa que pudiera colaborar en su gesta expansiva, cuál escenario podría contener a empresarios, políticos, y príncipes, hasta que por fin un día fue iluminado con un pensamiento que prodigiosamente respondía todas sus preguntas: El club.

Claro, el club era el lugar, la cumbre donde levantaría la bandera de la conquista total, la cima, las puertas del cielo; no había opción, tendría que hacerse de la forma que fuera, al precio que fuera, socio del distinguido Club Silvestre, la cuna del brillo, las vanidades y la ostentación.

Enfiló todos sus esfuerzos para conseguir una membresía de aquel sofisticado club. Debía ser presentado por al menos dos miembros reconocidos, eso no fue problema, entre sus múltiples conocidos había más de un miembro de aquel prestigioso centro social. Se propuso estrechar lazos de amistad de tal forma que le franquearan el ingreso.

Tal propósito, demandaría esfuerzo, dinero y paciencia. El excesivo costo de la membresía no sería nada al lado de los elevados gastos que supondría estar a la altura de quienes habrían de oficiar como pasaportes hacía la realización de su cometido. Carro del año, de mejor marca, invitaciones a finos restaurantes, celebraciones suntuosas, costosos regalos, eran solo una pequeña muestra de los ingentes esfuerzos para alcanzar su meta.

Con el paso del tiempo los recursos escasearon, su pretensión le llevó a tener un estilo de vida muy por encima de sus capacidades económicas; acudió al crédito hasta que su economía simplemente colapsó; pero él no menguaba, sabía que debía resistir, acaso, pensaba, ¿no es en la persistencia en donde se halla la victoria? Su determinación era indeclinable, y el tiempo pasó inexorable.

Con las deudas vino la intranquilidad, pero la postulación para su membrecía no, el cansancio lo sobrecogió y los años se le vinieron encima; el estrés creció, su salud menguó y los amigos, que advirtieron que su brillo era falaz, prefirieron alejarse porque en realidad nadie quiere ser amigo de gente pobre, todos, igual que él, requieren de alguien más arriba en la escala del progreso que le pueda tender la mano para ayudarle a subir, y un pobre con ínfulas de rico, no es el indicado.

Con sarcasmo, una tarde gris, muchas después desde aquella en que se empecinó en hacerse miembro del cenáculo distinguido de contertulios de alcurnia, a la salida del consultorio pensó que lo había logrado; ese día al final de la consulta de control a la que asistía por décima vez, su médico tratante le había entregado el carnet que lo acreditaba como miembro del Club de Hipertensos de la ciudad y recordó sombrío las palabras que leyó en algún libro, cualquier día de su vida anterior: “Vanidad de vanidades, todo es vanidad”.

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6 comentarios en “El club”

  1. Tatiana hernande

    Muy bien Jorge, es la enseñanza de vida.. A aquellos que se empeñan en gastar más de lo que tienen… Una persona sencilla y transparente de corazón abre.. Todas la puertas.

  2. Jorge, qué título más acertado para este relato! Todos acabamos formando parte del “club” del que nadie se puede llegar a librar, sea de hiper o hipotensos, asmáticos, epilépticos o simplemente “vivos pero lisiados”.
    Sabes, es curioso mi primera lectura del consejo sabio del padre ya ausente fue interpretado de modo figurado y para nada literal, fue a lo largo de la lectura que entendí que este hombre que engloba a unos cuantos hombres y mujeres modernos de hoy en día, se lo había tomado al pie de la letra.
    Una frase famosa dice “dime quiénes son tus amigos y te diré quién eres”, porque sin duda, elegimos de quien rodearnos y con quien compartir nuestras andanzas por la vida y aquel que es sabio habrá elegido bien sus amigos. Amigos y no compañeros de guerrilla, que es algo bien diferente. Amigos realmente uno tiene siempre pocos, amigotes muchos, y cuando nos quedamos sin la baliza que nos ilumine el camino vemos claramente cada uno de qué bando forma parte.

    La vida en pos de unas expectativas vacías y relucientes que con tanta persistencia los adultos y la sociedad intenta inculcar a los jóvenes les priva de la verdadera esencia de la vida y por ello todo lo que tan hábilmente has descrito de la experiencia vital de este hombre símbolo se clava en el alma, porque ya antes de llegar al final con que se siente la vanidad y pérdida de tiempo y esfuerzo, de salud y de calor humano, te das cuenta que es un círculo vital repetido infinidad de veces a nuestro alrededor que está condenado a la desgracia y a la insatisfacción personal más íntima de quién elige la interpretación literal de un consejo sabio si se toma en su significado connotativo humano y de calidad de vida, independiente de la cantidad o tipo de fuente de ingresos, tamaño de casa, modelo de coche o reconocimiento profesional, si por cualquier cosa de todas estas se haya que sacrificar el amor y la lealtad de una relación humana palpitante y real.

    Un saludo cordial

  3. Que buen escrito Jorge! Lo importante de la vida es ser agradecidos con lo que Dios nos ha dado y valorar todo lo que tenemos o conseguimos, fruto de nuestros esfuerzos, sin pretender ser aceptados en una sociedad por los bienes materiales, sino por lo que realmente somos como personas.

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