La fiesta de las luces

En casi todas las esquinas del mundo existe un espacio dedicado al festejo y a la conmemoración de una fecha, que, como hecho curioso, comparte elementos, motivaciones y maneras que resultan comunes, muy a pesar de las diferencias propias de cada cultura; me refiero a la Fiesta de las Luces.

Así, por ejemplo, el mundo católico el día ocho del mes de diciembre celebra la fiesta de la Inmaculada Concepción o de la Purísima Concepción, establecida en mil ochocientos cincuenta y cuatro a través de la bula Ineffabilis Deus, proclamada por el papa Pio IX.

La finalidad de este festejo es exaltar la condición virginal de María al momento de su embarazo, sucedido sin intervención humana.

Por su parte, el respetable pueblo judío, cada veinticinco del Kislev, el tercer mes del calendario lunar, —finales de noviembre a principios de diciembre del calendario gregoriano—, durante ocho días conmemora la gesta libertadora liderada por Judas Macabeo, que significó a la postre la emancipación de la opresión a que los sometió el imperio Seleúcita encabezado por el emperador Antíoco IV y la rededicación del Templo de Jerusalén, violentado y profanado por las fuerzas invasoras.

Es la fiesta del Hanukkah o fiesta de la dedicación o fiesta de las luces.

En la India, budistas, hindúes, jainistas y otros grupos religiosos, en honor a Lakshmi, la diosa hindú de la riqueza y la prosperidad, durante cinco días, celebran el Diwali que inicia con la luna nueva durante la noche más oscura -Amavasya-; es la fiesta india de las luces.

El gigante asiático tiene su Yuan Xiao, la versión china de la misma fiesta, también conocida como el día chino del amor o de San Valentín.

Y en Japón, entre diciembre y marzo, el país todo se engalana los días del Mitama Matsuri, adivinen qué significa, sí: La fiesta de las luces.

En Europa central, Rusia y Oceanía, existen versiones propias de esta festividad. No extendí mis averiguaciones al África, pero me atrevo a decir sin temor a equivocarme, que el continente de ébano, también tiene un lugar en el calendario para un convite similar.

Pero, ¿qué tienen en común los jolgorios de la China, con los de España, India, Israel o Fonseca en La Guajira colombiana, más allá del epígrafe que los denomina? Mucho y lo más curioso es que su similitud es al mismo tiempo su cisma más profundo. Me explico:

Los católicos desde la noche del siete de diciembre hasta la madrugada del ocho, encienden en las entradas de sus casas, en las puertas, ventanas o balcones, velas multicolores, faroles o lámparas, para “iluminar” el camino de la virgen embarazada en su peregrinaje a Belén; ese concepto está en el fundamento de la festividad.

Los judíos, por su parte, durante el tiempo del Hanukkah encienden un brazo de la Menorá -el candelabro de nueve brazos- cada día en recordatorio de la emancipación y del milagro que vivieron durante los tiempos de lucha por la libertad, cuando el aceite de un día, mantuvo prendida la lámpara durante los ocho de confrontación con las fuerzas de Antíoco IV.

Durante el Diwali en la India, las calles se iluminan con cientos de lámparas que se ubican en los frentes de las casas, parques y avenidas; un tanto similar al concepto católico, la intención es iluminar el camino a la diosa Lakshmi, en su viaje de retorno a su morada.

En la China, también se ilumina cada espacio en ciudades y aldeas, antes lo hicieron con antorchas y teas, hoy, más tecnológicos y supongo que para parecer más amigables con el medio ambiente, lo hacen con drones y consiguen resultados alucinantes.

La gente confraterniza en las calles y las escenas amorosas, algunas en tono mayor, advierten que cupido (allá es un dragón fogoso) anda suelto de madre haciendo de las suyas; por eso se conoce como el día de San Valentín chino.

Un tanto parecido sucede en Japón, con lo tecnológico me refiero, en el país nipón, encienden millones de luces led en las calles, que además de producir un efecto espectacular, declaran que la isla toda está de fiesta.

Las similitudes se extienden más allá de las connotaciones religiosas.

En cada lugar el baile, la ropa, la comida tienen un lugar prominente. De hecho, con el pasar del tiempo han cobrado mayor relevancia y su sitial sobrepasa con mucho las bases filosóficas y religiosas de las fiestas.

Al menos en Colombia, hablo con conocimiento de causa, casi nadie sabe cuál es la razón por la que se prenden las velitas: “es una tradición familiar” es la respuesta más común; en cambio la mayor preocupación se centra en el vestido a lucir, la comida a convidar y los temas musicales del momento que amenizarán el fundingue —fiesta alegre y algo alocada, en colombiano—; de la virgen y su santo neonato, muy pocos se ocupan y la referencia resulta bastante tangencial.

Otra similitud extra fronteras: todas las fiestas celebran el triunfo del bien sobre el mal y la victoria de la luz sobre la oscuridad; la escisión consiste en que cada fiesta de las luces, está centrada en una deidad propia de cada cultura, ahí, en lo esencial no hay ninguna consonancia. Todos tienen su propia fiesta de las luces…para su dios o diosa particular.

Una leyenda del siglo primero de nuestra era, contada por un señor de quien solo se sabe se llamaba Juan, que tenía un hermano de nombre Jacobo, ambos hijos de un tal Zebedeo, dice que en el país judío de aquel tiempo (tal vez año 30 o 31 de nuestra era) durante la celebración precisamente del Hanukkah, un joven, carpintero de oficio, revolucionario de convicción, se atrevió a irrumpir en medio de las celebraciones con una declaración tan contundente, que su eco se escucha hasta nuestros días: “Yo soy la luz del mundo…”, dijo, “… el que en mí cree no andará en tinieblas jamás”.

Sus palabras provocaron furia en algunos: ¿Con qué autoridad alguien se atrevía a abrogarse semejante dignidad? ¿la luz del mundo? ¡Eso es encumbrarse a la condición de Dios! ¡Es un hereje! gritaban furibundos.

Muchos callaron desconcertados: ¿Será? Se preguntaban en introspectivo soliloquio; ellos, como todos los demás, conmemoraban, pero también esperaban por un libertador, una luz que fuera lámpara a sus pies y lumbrera en su camino hacia la libertad plena y soñada.

Otros pensaron que tal vez ante ellos estaba el cumplimiento de las palabras dichas por los sabios de épocas anteriores.

Su advenimiento estuvo anunciado de muchas y diferentes maneras; algunas como su nacimiento en el pesebre de una ciudad pequeña, su infancia tan particular, su sabiduría irresistible y algunos hechos fuera de lo natural que se solían manifestar entre sus seguidores, daban algunas indicaciones de que quizá se podría tratar del elegido prometido, para traer luz y paz a los hombres: “Sí, tal vez podría ser él la luz”, pensaban esperanzados.

Al final, dice la leyenda, aquel hombre que en suma caminó muy corto tiempo en esta tierra, fue enjuiciado y condenado por sus propias palabras. Sufrió la más cruel de las muertes y la más vergonzosa de su época, murió entre ladrones, lo sepultaron en una tumba prestada y cuando sus seguidores lo quisieron visitar al tercer día, hallaron el sepulcro vacío.

¿La luz del mundo? Se preguntaron nuevamente y sus ojos resplandecieron.

Le han llamado el Caballero de la cruz, Redentor, el Señor del Gólgota; su nombre es Jesús; no necesita la luz de una vela que ilumine su camino, Él es la luz…y también es el camino; a Él celebro.

¡Feliz fiesta de las luces a todos!

“…La luz vino a los hombres, pero los hombres amaron más las tinieblas que la luz…” Juan 3:19

 

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16 comentarios en “La fiesta de las luces”

  1. Juan Manuel Gómez Cotes

    8 de diciembre, día de la Inmaculada Concepción, patrona del municipio de Uribia. Excelente escrito sobre estas fiestas, he aprendido mucho sobre estas celebraciones en el resto del mundo, muchas gracias.

  2. Celebro a Jesús y a María como principales protagonistas , como también la tradición familiar de disfrutar en familia y con amigos este amanecer, abuelos y papás que nos enseñaron a disfrutar compartiendo una noche de alegría y un desayuno comunitario que aún recuerdo con amor de mis años de infancia.

  3. Sixta Garcia de Cohen.

    Excelente explicación sobre la fiesta de las luces, cada pueblo asimila las creencias y las convierte en parte de su cultura, si respetaramos cada pensamiento , seguro se asomaria la paz por algún lugar del camino…

  4. Joel Peñuela Quintero

    Gracias por ilustrarnos a propósito de las fiestas del momento. Bueno recorrido por distintas culturas unidas bajo un mismo propósito: !Celebrar la luz!

    Adelante, y éxitos.

    1. Gracias a ti, Joel, por leer y comentar. Tal cual lo expresas, en el ideario general existe una manera de celebrar la luz o la idea de la luz, que depende de cada contexto geográfico y por tanto cultural. Rogamos, que un día todos los términos de la tierra sean iluminados por la Luz verdadera.

  5. Patricia Oropeza

    Maravilloso compartir sobre la cultura, pero sobretodo la algarabía que vibra en los corazones humanos independientemente de su ubicación geográfica.
    ¡Felices fiestas!
    Un abrazo Jorge

  6. M. Yedenira Cid Z.

    Gracias por el detalle de cultivarnos sobre el origen de tan magnífica celebración.
    Evidentemente hay una exhaustiva investigación detrás de este artículo.
    Mi abrazo enorme hasta La Gran Colombia.

  7. Gracias por compartirnos la forma como celebran este día tan bonito, otros países. Sin duda alguna crecimos, tomando esta fiesta, como una de las más importantes para compartir y pasar en familia y es un abrebocas a las fiestas decembrinas…

  8. Nidia Cavadía

    Jorge, una vez más mil gracias, esta vez me diste una clase de cultura religiosa, excelente narración sobre la fiestas de las luces o velitas para los colombianos. ¡Felicitaciones!

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