Pienso, luego escribo

Hace algunas semanas, a propósito de una de mis publicaciones, sostuve una conversación que me resultó bastante interesante; mi contertulio fue un hombre muy joven; fue generoso en sus comentarios sobre mi trabajo y no ocultó su aprecio por mis letras. Quiero ser escritor, me dijo con sinceridad, qué consejo me puede dar.

Fue imposible no evocar los días cuando yo a su edad, caminaba con mi mochila llena de libros y una libreta llena de garabatos a los que llamaba poesías, en busca también de alguien a quien pedirle, sin que se me riera en la cara, un consejo sincero y una voz de apoyo que avivara mi intención de dedicarme a escribir.

La conversación fue larga, amena, espontánea. Honrado y desde mis incapacidades tan evidentes, intenté ser el interlocutor que yo no tuve cuando lo requerí y que tanta falta hizo.

Aquel diálogo me hizo reflexionar acerca de tantas personas que abdican sus sueños, sus anhelos y su vocación, muchas veces por falta de orientación o peor aún, porque algún “iluminado” de esos que abundan por ahí, expertos en matar sueños ajenos, les hizo creer que sus ilusiones no eran más que una quijotada.

Sin la pretensión de dar por agotado el tema con las reflexiones que expongo a continuación, pero sí con la firme intención de ofrecer una luz, aunque sea pequeña, que oriente y anime, hoy quisiera detenerme un poco en el análisis del proceso creativo a la hora de escribir, un asunto que en este oficio no es menor y al que se le debe dar la relevancia necesaria.

Va especialmente dedicado a todos aquellos que llevan un escritor escondido en lo recóndito del alma.

Escribir es una actividad en la que, al menos, deben confluir cuatro elementos:

  • La vocación

Ese llamado tan particular y tan fuerte que nos hace considerar la escritura como el destino absoluto de vida. El verdadero escritor, anhela dedicar en forma exclusiva su tiempo, sus recursos y sus fuerzas al maravilloso mundo de las letras, y no nos mintamos, no hay quien no desee ser reconocido y desde luego, vivir del arte. Ese es el sueño secreto de todo escritor.

La vocación provee el impulso que nos hace mirar más de una vez y desde diferentes ángulos una situación para buscar los detalles que normalmente pasan desapercibidos a la mayoría, y desde allí graficar sensaciones y emociones con palabras que lleven luz al entendimiento y conmuevan el alma; es la gran compañera de las jornadas en solitario frente a una hoja de papel en blanco o la pantalla de un computador.

Hay quienes piensan que cualquiera puede ser escritor. Es un arte y como todo arte se puede aprender, dicen. La estenografía comporta una serie de técnicas y recursos asimilables a través del estudio y el ejercicio; sin embargo, la majestad y nobleza de la escritura como profesión y estilo de vida, demandan propensión, gusto y pasión, como lo exige cualquier otra profesión.

Pensar que cualquiera puede ser escritor porque sabe escribir, es equivalente a decir que cualquiera puede ser médico porque sabe curar una herida.

  • La preparación

Es algo que se adquiere con el estudio, contrario a la vocación que viene impregnada en la estructura intelectual del escritor. El castellano es una lengua compleja, variada y rica; con nuestro idioma sucede un poco lo que los neurólogos dicen que pasa con nuestro cerebro: ¡Solo usamos un pequeño porcentaje!  

Ser escritor exige horas de estudio, si lo queremos hacer con algo de decoro y respeto. Redacción y estilo, ortografía, verbos, adverbios, preposiciones, figuras literarias, vicios del lenguaje, gerundios, superlativos, grafías, arcos de evolución de personajes y un sinfín de cosas más, son conceptos que un escritor debe conocer y dominar. El entusiasmo que produce la vocación, si no se alimenta con una adecuada preparación, vendrá rápido en frustración.

  • La disposición

Quizá la mayor amenaza de los escritores es la procrastinación. Sí, esa bendita manía de dejarlo todo para después, para cuando del cielo llegue la inspiración y estén dadas las condiciones ideales.

Lamento decirlo, pero “el después” no existe; la “inspiración” es un sofisma y las “condiciones ideales” para que lleguen a existir hay que crearlas, porque solas no llegan. Permítanme explicarlo de la siguiente manera:

  • Lo que no se hace hoy, seguramente no se hará mañana, y si se hace ya hemos perdido un día: “lo que te venga a la mano para hacer, hazlo según tus fuerzas”, La Biblia.
  • Según la mitología griega, la inspiración es una especie de iluminación concedida por las musas, unas divinidades que repartían a diestra y siniestra dones de conocimiento y artes a los hombres. Pues bien, las musas no existen, por lo tanto, esperar por la “inspiración” es causa perdida o una hermosa excusa para no hacer hoy lo que se debe.
  • Inspiración es aspiración, pero para escribir se necesita determinación, disciplina y compromiso.
  • El que quiere puede, estoy convencido de este apotegma; contiene una verdad incuestionable.
  • Claro, ¿a quién no le gustaría contar con lo necesario y un poco más para realizar cualquier tarea?, eso no es malo. Tener las herramientas básicas es un asunto fundamental para la ejecución de cualquier labor. Sin embargo, la verdad es que muy rara vez tenemos la oportunidad de disponer de todo lo que quisiéramos a la hora de emprender alguna labor y esto, si no asumimos la actitud correcta, se convierte en la mayor talanquera de nuestro progreso.
  • Hay que comenzar con lo que tenemos y en el camino ir adecuándolo: “El que observa el viento no sembrará y el que observa las nubes, no cosechará…” La Biblia.

Para escribir hay que disponerse; asumir el compromiso mental de vencer la adversidad, la escasez y las distracciones que siempre son muchas y variadas. No quiero decir que hay que resignarse ante el infortunio y las insuficiencias, de ninguna manera; pero hay que aprender a sobreponerse a los obstáculos y a verlos como los grandes aliados para poder escalar. Finalmente, el éxito es para los que encuentran soluciones, no para quienes ven en cada circunstancia un inconveniente.

  • El Método

“Más vale maña que fuerza” una de las frases favoritas de doña Ruth, mi madre; creo que es la forma más coloquial de explicar en toda su envergadura el concepto de “método”.

Pero pongámonos más filosóficos, “método” es una palabra que proviene del latín meta que significa hacia y “hodos” que se traduce camino, de lo cual colegimos que método es la vía o camino que nos conduce a un fin o meta (qué profundo).

Es simple ¿cierto? Sin embargo, la verdad es que, en pocas cosas de la vida, tenemos claro el camino (con sus lomas, baches y estaciones) que nos conducirá de un punto a otro y eventualmente nos hallamos flotando, como plancton, a merced del vaivén de las olas del océano que llamamos vida.

No se puede vivir sin método; no se puede ser escritor sin método. Escribir requiere organización, estructura, rutinas, formas y sistematización. Sin método, cualquier camino parecerá bueno.

Hoy se distingue al menos dos tipos de escritores: los de mapa y los de brújula. Tal diferenciación separa al que estructura un derrotero previo a la escritura, de los que van esperando que se le aparezca, mientras escriben, el camino que los lleve a buen puerto.

Los primeros tienen método, los segundos son intuitivos. Los escritores de mapa, saben dónde comienzan, por dónde van a transitar y dónde van a parar. Los de brújula saben dónde comienzan, pero no cómo terminaran.

Ello no significa de ninguna manera, que el proceso escritural se deba reducir a un asunto puramente mecánico, pero si no existe un trazado claro, en algún punto la divagación hará su nefasta aparición.

No es suficiente tener una buena idea, contar con una excelente capacidad narrativa y dominar las reglas básicas del lenguaje escrito; se requiere investigación, planificación, construcción mental, estructuración de la historia y hasta programación en el tiempo para producir un texto digno de ser apreciado por los potenciales lectores.

La mayoría de los grandes escritores de la humanidad, incluidos nuestro Nobel Gabriel García Márquez, han sido escritores estructurados, organizados, de mapa como llaman, por algo será.

Recuerda siempre que, quien no sabe para dónde va, ya llegó a su destino.

Gustave Flauvert, el gran escritor francés e incansable buscador de “la palabra precisa”, autor de la célebre novela Madame Bovary, alguna vez expresó: “Se escribe con la cabeza. Al escribir algo no pienso en otra cosa que en la realización de la idea”.

Por eso, parodiando al gran Descartes digo: Cogito ergo scribo” “Pienso, luego escribo”.

close

Suscríbete a nuestro boletín de novedades

y recibe:

Escritos seleccionados, información sobre próximas publicaciones, promociones y ofertas especiales.

¡No enviamos spam! Lee nuestra política de privacidad para más información.

16 comentarios en “Pienso, luego escribo”

  1. Joel Peñuela Quintero

    Bien, escritor, nos ha dado usted un derrotero preciso. La pasión hay que encausarla en un plan… para que no se desboque, y nos lleve con ella.
    Gracias por compartir.

  2. Patricia Oropeza

    Muy interesante manual para todo escritor, novato o no. Gracias por compartir estas herramientas tan precisas.
    Un saludo acompañado de un abrazo.

  3. Sixta Garcia de Cohen.

    Excelente…hace más de 10 años le decía, escriba Jorge…escriba…cuanto demoró, pero nunca es tarde cuando la dicha llega…

  4. La explicación estuvo muy bien sustentada, creo que el chico que se le acercó para solicitarle consejo quedó más que satisfecho y sobre todo contento de encontrar en usted una brújula y qué bueno que también decidió compartir con nosotros (sus lectores) este sencillo (aparentemente) manual.
    Saludos hasta La Gran Colombia.

    1. Gracias por tu comentario, Yedenira, muy amable tu opinión, como siempre. Bueno, espero que este texto haya podido servir de brújula, como dices, y al menos suscite alguna inquietud para ahondar en el tema. Un abrazo fraterno.

  5. Nidia Cavadía

    Buenos días Jorge. Totalmente de acuerdo! y no sé si decirle que es tan buen escritor como excelente profesor. La clase es para todos. ¡Felicidades!

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *