Razones

Hace algunos días recibí un muy bien intencionado consejo de un gran amigo; muy respetuoso él, me sugirió que enrutara mis escritos, sobre todo los que publico en mi blog, por un camino diferente al de las evocaciones de los días idos de la “pubertad”, y que trascendiera a temas menos personales y vernáculos: “escribes muy bien, pero sería muy bueno si te enfocas en temas más actuales, relevantes y universales” dijo en tono circunspecto, casi ceremonial.

Me extendió la mano mientras exhibía una enorme sonrisa, supuse que estaba satisfecho de haber ofrecido tan amable y cariñosa admonición. Normalmente los comentarios, críticas y hasta las sátiras, injurias y calumnias las recibo bien. Reconozco el enorme valor constructivo de la crítica justa y los comentarios amables me conmueven sobremanera. Mis verdaderos asesores de imagen y correctores de estilo, siempre han sido aquellos que con razón o sin ella, me dirigen las más mordaces y acerbas acotaciones.

Aunque agradecí cortésmente la exhortación que no pedí, confieso que por la intrincada red de venas y arterias que recorre mi cuerpo, la sangre comenzó a hervir. Reprimí la repuesta indecorosa que como lava visceral urgía por hacer erupción, con una sonrisa amplia, generosa, hipócrita, tan hipócrita como los buenos deseos que escuchaba en la censura mimetizada en el panegírico río de palabras amables.

“Piénsalo bien, hay muchas cosas sobre las cuales escribir, te van a leer montones, te acordarás de mí, la literatura es universal y debes ponerte a tono con eso”, apuntó a manera de estocada final. Sin más, nos despedimos, pero antes me hizo saber que él sería el primero en leer y festejar los escritos que nacieran inspirados en su sabia opinión.

El resto de ese día, no pensé en otra cosa. Estuve absorto en sus palabras que aunque halagüeñas, lograron incomodarme, qué digo incomodarme, me perturbaron.  Detrás del “escribes bien” yo escuché “tus historias no le importan a nadie”, debajo del “tienes que trascender” oí “tu escritura es insignificante” y al lado de “actuales, relevantes y universales” percibí un “estás desfasado, eres corriente y limitado”.

Hice un esfuerzo para no mortificarme más de lo debido y en lugar de revolcarme en el cieno putrefacto de mis emociones dañadas, me sosegué y reflexioné acerca de las razones para escribir lo que escribo. Hoy quiero compartirlas con mis lectores.

Cierto es, que ninguna época de la humanidad se ha parecido a la actual. A diario se generan cientos o miles de hechos noticiosos de los que nos enteramos, gracias al Internet, casi al instante de su ocurrencia. Guerras, tragedias, hambrunas, desplazamientos, revueltas, epidemias, violaciones, cambio climático y muchas locuras más, son el pan nuestro de cada día. El mundo está en crisis y todo indica que el daño es irreversible.

La verdad es que nos ha tocado, y ninguno de nosotros pensó hacerlo, asistir en primera fila al resquebrajamiento patético de la humanidad, al deterioro progresivo de nuestro planeta; somos espectadores de excepción de la danza diabólica de autodestrucción del hombre, del canibalismo social y la inversión de valores.

Vivimos en una sociedad desigual, brutal; la clase política, cualquiera sea la orilla ideológica que predique, es corrupta hasta los tuétanos; casi nadie aprueba a sus gobernantes, excepto sus esbirros o sus testaferros y sin embargo, se eligen siempre, torciendo conciencias, comprando voluntades y después se hacen llamar “honorables”; los sistemas de salud son precarios en su prestación pero eficaces para el enriquecimiento de sus operadores y la educación sigue siendo un privilegio de pocos; los servidores públicos caminan y actúan con aire de grandeza y desprecian al pueblo al que han servir.

¡Claro que hay muchos temas acerca de los cuales hablar!, pero para agonías, están los noticieros, para intoxicarnos está la realidad y para sufrimientos basta solo con mirar a nuestro alrededor.

Por otro lado, ya hay cientos de “analistas” con títulos rimbombantes, opinando sobre el diario acontecer, sentados en la palabra con ínfulas de eruditos hablando de la vida ajena, aunque ellos mismos poco o nada aportan a la solución de los conflictos que desentrañan, patéticos, que aprendieron a ganarse la vida narrando las tragedias ajenas.

En las redes pulula cualquier cantidad de “influencers” hablando de lo humano y de lo divino, aunque no tengan idea qué es lo uno y qué es lo otro; recurren sin sonrojo al ridículo, la calumnia y el sensacionalismo en su afán de ser vistos y conseguir seguidores, disparates parloteadores que se enriquecen con frenesí en la antiestética envoltura del estrambotismo.

Bueno, me dirá alguno que estoy siendo muy severo o tal vez exagerado, que no todos son así. Seguramente los hay serios y veraces, el asunto es que son la gran minoría.

Lo cierto es que enfrentamos momentos complejos en demasía, dolorosos e inciertos. La vida, que no nos era fácil, se ha enturbiado y en el horizonte se ciernen nubes borrascosas. Hoy, casi no hay una familia en nuestra sociedad que no llore la pérdida sorpresiva de un ser querido o se lamente por la debacle económica que atravesamos.

Al lado del luto, ahora viajan plácidas la ansiedad y la depresión; sin darnos cuenta, hemos quedado absortos en una espiral de desesperanza y penas. El mundo y la naturaleza gimen y nosotros con ellos, a la espera de un mañana mejor.

Mi aporte, lo que puedo hacer en este momento de mi vida, cuando justo me recupero de los estragos del virus que nos asedia y que por poco cobra mi vida, sin muchas pretensiones, es poder evocar otras épocas, unas buenas, otras no tanto y al traerlas al presente, ahora en el sosiego de las emociones que produce el transcurrir inexorable del tiempo, de nuevo transitar por el camino de los años vividos, las experiencias  ganadas, los circunstancias difíciles que en su momento parecieron insalvables y sonrío en paz, agradecido porque comprendo cuánto contribuyó todo eso a ser quien soy.

Al desenterrar algunas memorias, me invade una dulce nostalgia por el hogar paterno, por el cuidado amoroso de mi mamá, por los juegos en el patio con mis hermanos y las pilatunas con mis amigos de la cuadra, por las tardes de río y las escapadas del colegio, por los sueños de entonces muchos de los cuales son mi realidad de hoy y así, el viaje alucinado a mi pasado, me recuerda cuan afortunado soy.

La verdad, me han sorprendido tantos comentarios de personas, que en mi blog y en mi correo personal, me han escrito para decirme de qué manera se han identificado con mis historias de “pubertad” y que en las alas de mis escritos descuidados han podido viajar hasta allá, a las profundidades de los recuerdos que creían perdidos y sé, que como a mí, una sonrisa se ha dibujado en sus caras.

No creo que el tiempo pasado fue mejor, estoy convencido que el mejor momento es ahora; sin embargo, una vez el pasado fue presente y hoy que lo fui a buscar supe que fue hermoso y que las partes menos bonitas, fueron los obstáculos que redirigieron mis pasos al camino que ahora recorro.

Eventualmente, escribiré sobre otros tópicos: política, economía, sociedad, espiritualidad… No sé; pero el día que lo haga, será sobre la base de mis propias experiencias, no de la retórica vacía e indiferente; será para proponer, no para señalar. Creo que puedo escribir acerca de otros temas “más relevantes”, me disculpo si sueno inmodesto, una experiencia de vida considerable y una trayectoria profesional de casi treinta años ya, me permiten el atrevimiento de avocar cualquiera de estos temas y quizá darle un tratamiento al menos decoroso, pero ahora no es el momento, no el mío al menos.

Por lo pronto, continuaré en mis incursiones furtivas al pasado para robarle los recuerdos de aquellos días bonitos, cuando caminaba a pie descalzo las calles arenosas de mi pueblo añorado, a riesgo de ser tildado de intranscendente, no me importa mucho. Dijo alguna vez el gran escritor ruso Antón Chejov: “si quieres ser universal, habla de tu pueblo, de tu aldea”.

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14 comentarios en “Razones”

  1. Patricia Oropeza

    Cada uno de nosotros expresa lo que guarda en su corazón, y usted siempre tiene algo hermoso que compartir, pues si de algo sirve, a mi me encanta el toque de sus escritos. (mi humilde opinión que tampoco nadie solicitó 🤗)
    Saludos desde México 🌻

    1. Jorge Parodi Quiroga

      Gracias Paty. Opinión valiosa y muy bien recibida. Celebro mucho que mis escritos sean de tu agrado. Siempre es bienvenida tu opinión. Esa sí la solicito

  2. Sixta Garcia de Cohen.

    Personalidad, eso es lo que intuyo en su respuesta además del amor por su pasado en familia en su querida Guajira. Lo felicito…Cada persona es un mundo y no todos podemos mostrarlo a través de la escritura…

  3. M. Yedenira Cid Z.

    Felicitaciones escritor, los argumentos que ha dado para escribir lo que a usted le place, considero son contundentes.
    Un escritor debe escribir desde el alma o el corazón y no para complacer, a menos que su compromiso se vea sustituido por cuestiones de mercado y no por el mero gusto de escribir y compartir.
    Personalmente, disfruto de sus historias, llenas de recursos literarios.
    Le felicito también por el nuevo diseño de la página, le da toques de frescura y dinamismo.

    1. Jorge Parodi Quiroga

      Mi apreciada Yedenira, qué valiosos son tus comentarios. Además de generosos, siempre me comprometen más en esta tarea hermosa de compartir vivencias a través de las letras

    2. Opiniones hay muchas! Algo muy importante es ser identificado. Sus escritos son un viaje a es época hermosa que se ha esfumado y que para el que ama la lectura, es un placer viajar y vivir al leerlo.

  4. Ana Esther Riaño Herrera

    Mi querido compañero en las letras, a veces, hay encuentros infortunados en nuestras vidas y aunque no nos importen, ellos mismos nos dan coraje para seguir mostrándonos tal como somos. En tus Razones, me reflejo ; pues, viví un momento igual.
    Jorge, escribir desde tus raíces, te hace ver un hombre de grandes sentimientos.
    Felicitaciones, deja que el agua corra.

  5. Jorge Parodi Quiroga

    Profesora Ana, de acuerdo con usted; dice mi madre que no hay mal que por bien no venga. Convencido absoluto soy, que cada situación, por incómoda o difícil, tiene en sí misma la salida y será obstáculo o escalón, y eso lo decide uno. Muchas gracias por su comentario

  6. Andrés Daniel

    Siga hablando a través de sus letras, que cada vez que lo hace nos transporta al mismísimo hecho que cuenta. Excelente escrito y escritor. Buen talante.

  7. Franceska Valentina

    Señor Jorge, siempre es agradecer leer sus relatos. Nos pone a pensar y esperar su próxima historia. Somos afortunados de leerlo.

  8. Natalia Suárez Cohen

    Jorge:
    Solo te diré: no dejes de escribir. En cada relato pones a pensar al lector, o bueno, por lo menos a mí, sobre cada detalle de lo que en él escribes. Cosas que a veces pasamos por alto, cosas que ya no recordamos, o cosas que ni nos imaginamos. Por eso, es muy agradable leerte. Por que lo sacas a uno del estado plano en el que muchas veces anda…. Y eso mi estimado, es razón suficiente para seguir haciendo lo que haces.

    1. Natalia, en tu consejo amable encuentro un estímulo inmenso para seguir en este oficio de las letras. Espero, con el favor de Dios, hacerlo hasta el último día de la vida, más, sabiendo que mis escritos pueden provocar una opinión tan favorable como la que me expresas. Seguiré escribiendo…

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